El malecon y las palmeras despeinadas de Chichiriviche

Después de tanto regateo, dejamos la ciudad atrás, los carros, las casas, las bicis, y subimos a la lancha. Solo se escucha el sonido del motor, enseguida se siente la brisa pegajosa pero ligera de la costa, el olor a sal, el sol fijando directo a la cara y las gotas frías de agua salada que poco a poco te van empapando. En ese momento, al ver... Leer más →

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