De Valencia a Bogotá, la experiencia de Gabriela en Colombia.

La joven madre de 25 años Gabriela De Abreu graduada T. S. U. Mención Cum Laude en Administración de Empresas, vivió y creció en la capital del Estado Carabobo –Valencia–, de hecho en esa ciudad trabajaba en el área administrativa de una agencia marítima, liquidando cuentas de gastos para las líneas navieras internacionales de Holanda, Cuba, Francia, Norteamericanas, panameñas, por mencionar algunas.

Podríamos decir que ese era su trabajo formal, ya que además se dedicó al modelaje en la agencia valenciana “Luisa Camero Model Agency”.

El 2014 fue el año de su salida del país, específicamente en junio, con destino a la capital Neogranadina –Bogotá– impulsada o sonsacada por su amiga de la infancia Stephany, de familia Colombiana. Resulta que gracias a su amistad, Stephany pudo contactar a Gabriela por medio de unos amigos y la invitó a su país, y claro está la oportunidad se presentó, nos comenta que: “en mis primeras vacaciones de la última empresa donde trabajé en Venezuela, decidí venir a conocer Bogotá. Si me agradaba y tenía alguna oportunidad por pequeña que fuera me arriesgaba, me gustó tanto que terminé quedándome”.

Para llegar a su destino viajo directamente por avión. Salió desde el aeropuerto Simón Bolívar, en un vuelo de la aerolínea Conviasa Caracas-Bogotá, llegando al aeropuerto El Dorado. Para ella su arribo a la capital colombiana fue un poquito incomoda ya que: “…ese día usé un vestido algo corto y apenas llegué me congelé jajaja, casi a las 11 de la noche, además fue día de elecciones presidenciales. La ciudad estaba bastante solitaria por eso”.

Pero el motivo de su salida no fue simplemente aventurarse y conocer la capital de la hermana República, como muchos compatriotas allende a las fronteras, Gabriela estaba guiada por encontrar una mejor calidad de vida y un sitio donde pudiera hacer familia. Además de contar con sus contactos allá, como Stephany y sus amigos.

De hecho cuando llegó a Bogotá se contactó con ellos y se quedó en casa de los amigos de Stephany. A pesar de todas las ventajas que contaba, nos comenta que le pegó bastante el cambio de clima, y nos dice que: “en un principio me pegó un poco el clima frío y lluvioso. Los primeros meses me los pasaba enferma, con gripe o amigdalitis. Usaba gorro, guantes, bufanda, me ponía leggins debajo del jean jajaja (exagerada total) Ya luego me adapté, y ahora salgo a la calle como una Bogotana más y me estreso cuando hace mucho calor jajaja le perdí la costumbre”.

Su gran apoyo en su nuevo país, y ciudad han sido los venezolanos que conoció por medio de Facebook, ya que al poco tiempo de llegar a Bogotá se unió a grupos de Venezolanos viviendo en Colombia, donde hizo un grupo de amigos que se convirtieron en su familia, “de ellos nunca me ha faltado apoyo. Y por supuesto mi esposo y su familia, quienes también se han convertido en la mía”.

Y como cualquier emigrante Gabriela tuvo que trabajar en lo que consiguió, apenas llegó a Bogotá comenzó a trabajar en una cafetería, dónde fue la todera del establecimiento, “atendía al público, preparaba emparedados, perros calientes, café de diversas clases, compraba insumos, sacaba copias, cobraba, limpiaba el local y baño”, la cafetería quedaba al lado de una Universidad y la afluencia de personas era constante.

Trabajó de lunes a sábado y le pagaban por día, según nos comenta: “eso mensualmente no llegaba al mínimo de acá”, también nos expresa que fue bastante forzoso cuando comenzó a trabajar ya que: “si entraba a las 7am, debía levantarme a las 4am y salir a las 5am. Y por mucho tiempo tuve el turno nocturno, dónde caminaba por calles solitarias y oscuras, y podía llegar a la casa sobre las 11pm”.

Sin embargo a los 4 meses de trabajar en el café, sus dueñas le ofrecieron la oportunidad de administrarla, con esa responsabilidad venía un aumento de sueldo, rol que asumió con gentileza. Fue una experiencia gratificante y aleccionadora, nos dice que: “Ahí duré un año, descubrí cuanta fuerza tenía y de seguir adelante, porque de ninguna forma abandonaría mi meta de migrar y hacer vida fuera de mi país, aunque eso representara sudor, lágrimas y mucha soledad”.

Después de la cafetería consiguió empleo en una empresa dedicada a la venta de planes de financiamiento para adquirir diversos vehículos –lugar donde conoció a si esposo y padre de su hijo–. Y fue en ese empleo donde le reconocieron su valía, alegremente nos comenta que: “En el 2015 tuve reconocimiento por ser una de las mejores vendedoras del país en la rama (la única mujer de un grupo de aproximadamente 10 personas galardonadas) Duré casi 6 meses pero debí retirarme por la presión y acoso que ejercieron sobre mí –por ser pareja de un compañero de trabajo–, querían sacar a alguno de los dos, y terminamos yéndonos ambos”.

En el 2016 Gabriela se casa y a los 3 meses quedó embarazada, duró un largo tiempo sin trabajo por la gravidez y porque decidió junto a su pareja dedicarse a su hijo en su primer año.

A mediados de 2017 empezó nuevamente su búsqueda de empleo, pero no tuvo frutos. Nos dice que: “Cuando veían mi vacío laboral y nacionalidad me descartaban”. Sin embargo esa situación no fue motivo de desilusión, sino todo lo contrario, ya que de esa realidad surgió la idea de hacer algo chévere, que disfrutara y le permitiera seguir cuidando a su hijo; iniciando así su pequeña tienda virtual que creó con una amiga.

El nombre de su emprendimiento es “Yes 2 Glam” ahí se venden artículos de maquillaje y belleza, de excelente calidad y precio y además de vender, asesoran con tips de cuidado personal y mantenimiento de los productos que ofrecen.

Actualmente Gabriela vive en la zona centro sur de la ciudad, en casa de la familia de mi esposo Sebastián, con él y su hijo Thiago. Lo que mas le ha gustado de su nueva ciudad es la diversidad cultural.

“No pasa un fin de semana que no escuches de algún concierto, obra de teatro, exposición artística… es fabuloso! Me encanta ir al centro, hacer el septimazo (recorrer la calle séptima) y encontrar todos esos artistas urbanos con su música y creaciones. Y otra cosa que adoro son las ciclovias: los domingos y festivos habilitan vías para pasear en bicicleta, patines, caminando… es genial como incentivan estás actividades. Y cuando hacen ciclovias nocturnas en Diciembre caes enamorada de la ciudad y su hermoso alumbrado. Otra cosa que me ha  hecho amar Bogotá son la cantidad de parques y lo bien cuidados que están”.

Además de esas actividades Gabriela procura usar su tiempo libre para pasear en familia, le gusta ir al parque y ver a su bebé jugar en la arena, hacer ejercicios, ir al cine con mi esposo o comer algo exótico en algún restaurante desconocido, leer novelas de acción y reunirse con sus amigas.

A pesar de todas las cosas buenas y positivas que le han pasado, la distancia ha sido lo que más le ha costado manejar. Nos comenta que lo más difícil ha sido “estar lejos de mis padres y hermanos por tanto tiempo. Pasar fechas importantes sin ellos. Que no pudieran estar en mi matrimonio ni en el nacimiento de mi hijo” y como es costumbre, la comida natal es otra cosa que añora, como las empañadas, las arepas, los tequeños, los platos típicos decembrinos y por supuesto la comida preparada por sus padres.

Pero a falta de comida venezolana está la colombiana. Gabriela se deleita con el “cholao” que es como un raspado de cola, con pulpa de diversas frutas como parchita, guanabana, fresa, cambur, mora, piña, leche condensada, milo (chocolate en polvo) y helado. Nos dice que: “es explosivo jajaja pero es taaaan rico, también amo el merengon es como un suspiro muy esponjoso y grande, del tamaño de un plato de almuerzo y le echan las mismas frutas del cholao, además de arequipe, salsa de Mora, de fresa, de piña y chocolate. Un coma diabético pero con que gusto jajajajaja”

También nos comenta sobre su estado actual que siente: “una mezcla de estar aquí presente y con el corazón y mente con lo que pasa en Venezuela. Estar bien, disfrutando una calidad de vida que soñé pero sin poder compartirla con mis seres queridos que sufren penumbras a diario en Venezuela”, realidad que viven muchos venezolanos que dejaron el país, y como muchos más, Gabriela espera poder regresar –lamentablemente no para quedarse– pero si para recorrer su ciudad, compartir con su familia y amigos y mostrarle a su esposo e hijo todo lo que dejo atrás.

En un futuro espera poder cumplir el sueño de tener estabilidad económica para ayudar a su familia, para que tengan una calidad de vida como la que ella está disfrutando ahorita.

Seguro será así Gabriela, tenemos la convicción de que si uno quiere algo y lucha por ello las cosas se dan naturalmente. Animo y pa’ lante. Un beso y un abrazo, gracias por compartir tu experiencia con nosotros.

 

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