Primeros días en la metrópoli peruana.

Los primeros días en Lima fueron de ensayo y error, de evaluación y exploración del nuevo lugar de residencia. Aceptando la realidad y en vista de que contábamos con poco dinero pero con la ayuda de nuestros primos y disponiendo afortunadamente de productos venezolanos, nos decidimos salir a vender y ofrecer lo que traíamos; entre eso maquillaje para damas, ricos chocolates Savoy y unas cuantas botellas de ron Cacique que ofrecimos principalmente por Internet. Las habilidades de comerciante las sacábamos a relucir con encanto y sencillez. Caminábamos por las calles de Huaylas (Chorrillos) y las peluquerías eran nuestro blanco, conocimos mucha gente y vendíamos bastante. La gente con la que tratamos era amable y no tuvimos en ningún momento
rechazo. A medida que íbamos explorando conocíamos nuevos lugares, llegamos a ir hasta Miraflores y Barranco, lugares de categoría y cada uno con su particularidad. Barranco, una zona de carácter bohemio, con sitios nocturnos y muchos restaurantes, una localidad que de noche deslumbra y atrae turistas con sed de vino, su plaza principal es objeto de ferias y de teatro; Miraflores, una de las zonas más empresariales y con edificios grandes y de lujo, su plaza kenedy es muy conocida por la cantidad de gatos que en ella hay, no en vano también es conocida como la plaza de los gatos. Lima es una capital inmensa, es muy fácil perderse en ella, el metropolitano (red de transporte que
la conecta de extremo a extremo) al menos hacía un poco más fácil la ubicación aunque su embarque y desembarque era adrenalina pura a cualquier hora del día. Por ser capital su tráfico es caótico y el afán con que la gente se traslada es impresionante. El transporte público en mini vans es otro reto, te suben y te bajan sin darte cuenta, su ritmo es acelerado y estresante. Continuaban los días y ya emprendimos un negocio de arepas y hamburguesas asociadas con dos primos, contábamos con un carrito donde las podíamos preparar al instante, estuvimos varios días saliendo a trabajar de esa forma, lamentablemente el lugar y la ya no tan buena fama de las arepas no nos daba la base para seguir laborando en ello.

También emprendimos el negocio de las famosas bombitas además de preparar algunos postres como coquitos (besitos de coco) que junto con dos primos más que habían llegado los preparábamos y salíamos a vender, logramos montarnos en los buses a ofrecer, creo que todos los venezolanos hemos pasado por ello. El negocio duró un par de semanas, cada uno empezó a conseguir trabajo por su cuenta y por los momentos era más rentable ya que todavía no teníamos una base para emprender un negocio fuerte, aparte que la familia crecía a cada rato. Muchos venezolanos ambulaban ya por las calles. Mis primos todos trabajaban y mi hermana también, yo aún continuaba en la búsqueda de un trabajo, comenzaba a desesperarme por andar sola y no tener un trabajo para al menos distraerme y no ocuparme en pensar en lo que había dejado en Venezuela. Fueron días fuertes de adaptación y decaer en cuenta de la nueva realidad que enfrentaba.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s