Sello Mundi

Una maestra en Tailandia.

Virginia Franchini Azuaje, caraqueña de 27 años de edad, era maestra de preescolar en el Colegio Campo Alegre y gracias a que fue recomendada por sus compañeros de trabajo consiguió una oferta en Tailandia en una página de colegios internacionales. Aunque no conocía a nadie en ese país se arriesgó, quería conseguir mejores oportunidades así que se fue a la aventura. Para poder viajar tuvo que sacar una visa que le llevo algo de tiempo, a pesar de todo la obtuvo y se marchó al país asiático en julio de 2015.

El viaje fue muy largo, hizo escalas en Panamá, Estados unidos y Japón, no viajó sola, su madre la acompañó en su gran aventura –por unas semanas– mientras se establecía y conocía un poco el lugar. Llegó a un hotel que el colegio le reservo previamente en Bangkok, la capital tailandesa, le afecto un poco el cambio de horario, las diferencias de horas entre Venezuela y Tailandia son muchas, 11 horas exactamente. Por ese motivo Virginia se descontroló un poco, le costaba dormir y comer a las horas que debía hacerlo.

Desde entonces trabaja en un colegio internacional como maestra de preescolar, desde el principio fue difícil ya que no hablaba Thai –el idioma de ese país–, a pesar de ello, las personas fueron muy amables e intentaban hacer de todo para poder entenderse. En los primeros meses, las personas se sorprendían cuando decía que era de Venezuela y siempre la felicitaban por el Miss Venezuela. Su gran apoyo son sus amigos venezolanos Dani, Luci, Ros y sus amigos extranjeros. Después de un tiempo a través de bienes raíces, logró mudarse a un apartamento y ahí vive desde entonces.

Lo más difícil para la caraqueña ha sido estar tan lejos de su familia, tener que dejar a sus amigos y novio, acostumbrarse a la diferencia horaria entre Venezuela y Tailandia para poder comunicarse. Aun hoy le duele mucho todo esto y no hay día que no piense en sus familiares y amigos, su experiencia en Tailandia representa una etapa educativa a nivel personal y profesional, está muy agradecida con la oportunidad que ha tenido.

Con las personas del lugar le ha ido increíble! ha aprendido a ser más calmada, agradecida y a valorar mucho más las cosas gracias a ellos. De Tailandia y su gente le encanta la forma de vida, la educación de las personas y el respeto que hay. Pero sobre todo, sentirse segura.

La primera palabra que aprendió a decir en Thai fue “sin picante por favor” porque la comida –a pesar de ser divina– es súper picante como fuego, a pesar de esto cree que la comida local es muy buena y nos recomienda la Papaya Salad que es una ensalada con lechosa verde.

A Virginia le gusta bailar pero conseguir un lugar con música latina es bastante difícil, y que sepan bailar merengue más aun, así que su tiempo libre lo dedica a practicar zumba, bailar y practicar idiomas. Por ahora sus planes a futuro son terminar el máster en educación especial, seguir viajando y aprendiendo de la cultura asiática.

Ha podido regresar varias veces a Venezuela, espera hacerlo pronto de nuevo y poder disfrutar del sentido del humor de la gente, comer flips, plátanos, arepas y pirulin, los domingos familiares y las rumbas venezolanas llenas de merengue. Seguro que en el momento en que la situación venezolana cambie esta chica estará de vuelta y podrá utilizar todo lo aprendido y darle a su tierra natal y niños todos sus conocimientos.

 

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