Viaje a la República de Genova

Después de una travesía  para poder conseguir la estación, pude subir al tren con destino a Génova – Italia, corrí por los vagones con la mochila encima para encontrar a mis compañeros de viaje. Luego de varios intentos fallidos finalmente los conseguí, no fui la única perdida, a ellos les había pasado lo mismo. Cruzamos la frontera entre Francia e Italia, hicimos un trasbordo en Ventimiglia, aunque ya estamos en tierras italianas, faltan unas tres horas de recorrido. Con los nervios y la emoción de visitar por primera vez un país desconocido, sobran las expectativas. Como en mesa de reuniones, decidimos los lugares que visitaremos, cuantas fotos tomaremos y lo que comeremos. Entre palabras, risas y par de sándwiches se nos pasa el tiempo, con la mirada fija en la ventana solo puedo de vez en cuando mirar el reloj. El tren se detuvo, al fin llegamos. En seguida conseguimos un taxi que nos llevó a un hotel no muy costoso cercano a la estación, pedimos una habitación triple y nos dedicamos a descansar el resto de la noche.

Despertamos bien temprano, como desayuno comimos un croissant con mantequilla y mermelada, no puede faltar un expreso (café pequeño bien cargado), para andar bien despiertos y así recorrer bien el lugar.

Nos dejamos llevar por  sus calles y callejones con arcos en piedra, sus banderas colgadas nos hacen viajar en el tiempo como película, se van viendo poco a poco las huellas de romanos, franceses, árabes y piratas. Mi mirada se pierde entre las flores de los jardines colgantes entre ventanas de madera verde medio abiertas.

Entre escalones, patios y salas llegamos al mar, al fondo se ve el muelle, los yates y barcos anclados; ya estamos en la espera de salir en cualquier momento a la aventura. Mis pies caminan solos como si supieran el camino, un barco antiguo llama nuestra atención, es el “Galeón Neptuno” que desde que lo hicieron para una película de Román Polanski se volvió toda una atracción, mi imaginación vuela enseguida y me pregunto ¿Cómo sería viajar en esos barcos de madera? ¡Que aventureros, arriesgados y valientes que fueron esas personas que cruzaron con maletas cargadas de sueños, miedos y esperanza en busca de otra vida! ¡Claro! Ya estaba en la ciudad donde se cree que nació el más grande viajero y explorador, “Cristóbal Colon” nada podía inspirarme más.

El olor a mar y albahaca fresca invade todo el lugar, todo indica que comeremos pasta con pesto, una de mis obsesiones, el parmesano y el aceite de oliva podría ser la perfección materializada.

Más tarde visitamos el acuario, el más grande de toda Italia, como ventanas abiertas al mediterráneo este muestra a sus visitantes la diversidad del mar.

El día no pudo terminar de otra manera sino con una cerveza en un café con mesas afuera, se escuchan conversaciones con tonos altos de voz y solo se ven las manos moviéndose con la misma rapidez de su conversación, viendo a los italianos  me di cuenta que hablan más con los gestos que con sus palabras.

SMLXL

 

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