Estudiante en Malta. Día 2.

Amaneció y ya era mi segundo día en Malta, debía ir a mi escuela a registrarme, fui caminando junto a mi compañera rusa. El sol radiante nos acompañó todo el camino, se podía tomar el bus pero las dos estuvimos de acuerdo en caminar, observamos casas con jardines y garajes abiertos, calles angostas, también escuchamos mucho ruido de carros frenando de golpe en cada esquina, nos preguntábamos por qué pero en el momento no conseguimos respuesta, nos pareció muy curioso ver todos los avisos en el camino que estaban escritos en maltés, inglés y árabe. No habían comenzado mis clases y ya en mi cabeza había cien preguntas por responder.

Después de unos quince minutos llegamos a la escuela que escogí, EF (http://www.ef.co.ve/ ) en St. Julians. Era un lugar pequeño pero agradable, organizado y moderno, se veían muchas caras  diferentes, jóvenes de todas partes del mundo preguntando y registrándose como estudiantes, enseguida me dieron mi identificación junto con mi horario de clases, días atrás había hecho una prueba online para saber qué nivel de inglés tenia, si no me sentía a gusto podía cambiarme de clase, por supuesto toda la conversación se dio con más señas que palabras.

Me senté un rato para poder revisar mi horario, un día toda la mañana y al siguiente toda la tarde, el curso incluía gramática, conversación, laboratorio y vocabulario, cada una de estas materias con profesores diferentes. A mi lado se sentó un mexicano y una ecuatoriana, estaban llegando igual que yo, como todo inicio de conversación las preguntas frecuentes estaban a la orden del día ¿De dónde eres? ¿Cuánto tiempo es tu curso? ¿Qué edad tienes?, cuestionario que respondí durante muchos días seguidos.

Al saber que las clases iniciaban hasta el día siguiente, los tres estuvimos de acuerdo en salir del lugar, queríamos explorar y empezar a conocer nuestro entorno, preguntamos en qué dirección estaba la playa y muy emocionados caminamos hacia ella. Pronto se comenzaron a ver los bares y sitios nocturnos, era Paceville, el corazón de Malta, una calle con escaleras un poco angosta y muchas discotecas, antros, bares y cafés, por la hora los encontramos cerrados así que decidimos seguir, al localizar el mar nos sentamos a contemplarlo con pizza y cervezas.

Se hizo de noche, la escuela organizó una fiesta de bienvenida como de costumbre cada semana, llegamos algo perdidos. La ciudad era otra, se vistió de fiesta, dejó de ser serena a tener energía de una joven veinteañera, con movimiento y emoción, música y maquillaje, Malta es un país que con su ambiente estudiantil duerme de día para recargar las baterías y así estar lista para la noche. La vida nocturna sumada a estudiantes es sinónimo de fiesta.

El lugar donde nos hicieron la bienvenida era con poca luz y buena música, estaba lleno de tragos, baile y mucha plática, se escuchaban palabras en español, francés, portugués y otros idiomas que no podía identificar. El lugar irradiaba energía, era una pequeña muestra de  la vida en Malta que me hechizó, las selfies y el olor a cerveza me cautivó.

Así comenzó mi vida como estudiante, con vista al mediterráneo y con buena energía, frente a una playa fabulosa con aires de libertad, el mar me hacía una invitación y me seducía con cada vaivén de sus olas.

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