La colonia y sus ventanas

A veces para viajar solo necesitas caminar por una calle. Los sonidos, aromas y colores son cosas que te pueden transportar a un lugar. Eso me pasó  hace poco cuando estuve en la colonia Tovar en Venezuela, un pueblito de calles angostas y muchas montañas que, con sus casas blancas de rayas negras, techos rojos y ventanas de madera llenas de flores, te hacen viajar directo a Alemania. La vida a través de esas ventanas está llena de color, sus jardines con calas, margaritas, gErberas y hortensias siempre están listos para ser retractadas en una foto.

Lavanda como centro de mesa en un tablero de pino y una brisa fresca al atardecer son una de tantas imágenes y sensaciones que guardo en mi mente de ese hermoso lugar.

Viajar con mis hijos me da otra mirada, ya mis prioridades se llaman Amin y Karim. Estoy pendiente de que el menú contenga algo para niños y que la silla de comer de ellos no falte, observo si hay lugares abiertos donde los pueda pasear y si hay animales para que ellos se entretengan.

Después de comer las típicas salchichas alemanas y caminar un poco por sus calles empedradas, tomamos un pequeño recorrido en unos carros rústicos que nos llevaron a conocer la casa más antigua del lugar. Estar ahí me invita a pensar en cosas que no puedo obviar, la migración y sus historias, un tema que me emociona y obsesiona,  me hago preguntas como: ¿Cuáles serían los sueños de esos primeros viajeros? ¿Cómo un lugar así se ha podido mantener en el tiempo? ¿Cuánto ha costado a sus habitantes mantenerlo?

Seguimos en el recorrido y ahora paramos en una pequeña fábrica de cerveza artesanal. Las preguntas que me hice al principio van siendo respondidas, ahora puedo decir que son venezolanos que han forjado y mantenido una cultura heredada en esas tierras, tradiciones y costumbres que quieren perpetuar ofreciendo productos de calidad. Como última parada de todo el recorrido, una vista completa de todo el lugar nos recrea nuestra imaginación.

Me encanta volver a ciudades que ya he visitado antes porque me indican qué tanto he cambiado, y cuáles son mis prioridades en el momento, es como redescubrir o recordar algo que habías olvidado. En esta oportunidad el viaje solo me inspira a pensar en historia y naturaleza.

El lugar es mágico y mítico, el pozo de los deseos reserva aspiraciones de turistas hechizados; lanzo una moneda sobre él y en particular siempre pido el mismo deseo “regresar de nuevo a ese lugar tan único y especial”.

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