Sello mundi blog de viajes

Entre nubes y montañas

Un chocolate y un café caliente para la altura. Bajo los vidrios del auto para sentir la brisa fresca y así comenzar mi recorrido por el páramo de Barinas a Mérida. Los recuerdos van rodando a la velocidad del auto, es como un baile, vas danzando entre curvas y montañas, las pequeñas caídas de agua escondidas se asoman en cada vuelta.

Aunque ya perdí la cuenta de las veces que he pasado por el lugar, no deja de parecerme irresistible. La primera parada fue en Santo Domingo para desayunar, no puedo pedir otra cosa que una pisca andina que es una sopita de papa y leche con las típicas arepitas de trigo y queso ahumado. Al pagar la cuenta solo recibo halagos y buenos comentarios de gente atenta y buena, pero ¡claro! ¿cómo es posible no ser tan amable en tierras tan fértiles y bondadosas?

Antes de subir de nuevo al auto me dedico a recorrer el lugar y me impresionó la cantidad de balcones que veo, era como si cada casa debía tenerlo. Después de caminar un par de calles lo entendí, las condiciones geográficas y su legado histórico permitían tanta similitud entre sus estructuras y al ver esto me dije ¿cómo no salir todas las noches y mañanas a ver tan hermoso paisaje?

Seguimos nuestro viaje antes de llegar a Apartaderos. En las montañas comienzan a aparecer los cultivos de flores y hortalizas como pinceladas de colores en un lienzo, son como alfombras coloridas que decoran las montañas.

Entre subidas y bajadas, piedras y frailejones llegamos a la laguna Mucubají y, es imposible no parar por unas fresas con crema. Es como si un artista hubiese hecho una representación de la realidad de la manera más sutil, dibujando montañas rojas llenas de puntitos entre nubes blancas. Es mi lugar favorito de todo el recorrido, me hace recordar lo pequeña que soy en el mundo y lo hermoso que es todo aquello que me rodea. Estar en ese punto de la carretera da una sensación de estar más cerca del cielo, como si las nubes te abrazaran.

El siguiente pueblo es Mucuchíes y ya es hora del almuerzo. El olor a leña prendida y trucha ahumada te indican los restaurantes del camino. Falta muy poco para llegar a la ciudad, así que seguimos nuestro viaje.

Antes de llegar a Tabay pasamos por los Aleros, toda una referencia en la carretera transandina. Afuera se ven los autobuses antiguos que te invitan a viajar hasta 1908 cuando Gómez gobernó Los Estados Unidos de Venezuela.

Por fin Tabay, el ultimo pueblito antes de llegar a Mérida. Aunque realmente faltan unos 30 minutos, la ansiedad es la sensación que me domina. Veo tus canas, esos rayos blancos entre tanto verdor y recuerdo tantos años pasando por el mismo lugar. Tu montaña me ha visto como gran admirador, eres testigo de mi evolución, de mí andar. ¡Ay Mérida preciosa, cómo no querer estos caminos que me llevaron a ti!

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Laguna Mucubaji

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