Cuando comencé a viajar

Desde muy pequeña siempre supe que mi pasión era descubrir nuevos lugares y andar de ciudad en ciudad. A mis 17 años y luego de terminar mis estudios, convencí a mis padres de viajar a Francia por seis meses a estudiar francés, fue algo difícil porque no sabía nada del idioma, y por supuesto me costó un tiempo aprender. Era la primera vez que me alejaba de mis padres, amigos y ciudad, pero sin duda alguna ésta ha sido una de las experiencias más emocionantes que he tenido en mi vida.

Salí de Venezuela sin saber la magnitud de lo que estaba haciendo, la verdad caí en cuenta cuando la señora que iba a mi lado en el avión me pregunta que cuál era mi motivo de mi viaje; mi respuesta fue muy sencilla “…voy a Francia a estudiar francés”, ella me miró muy sorprendida y me dijo: “¡Wao! te vas a un país desconocido, a vivir con personas que nunca has visto, a aprender un idioma el cual desconoces… ¡eres arriesgada!, tus padres tuvieron fuerzas para dejarte ir”. En ese momento todos los recuerdos y pensamientos comenzaron a vagar por mi mente y solo pude suspirar y cerrar mis ojos, no había vuelta atrás, ya iba a mitad de camino.

En Niza viví en una casa de familia con una compañera de cuarto holandesa, al principio solo me podía comunicar con la señora de la casa que usaba el traductor de google para decirme frases como -“…la comida esta lista o ven para mostrarte la casa”-. El choque de culturas se hacía presente con el pasar de los días, mi experiencia como extranjero no se aleja de la realidad de muchos otros; el sentirse solo, sin poder comunicarse y extraño al ver lugares tan diferentes. Al hacer amistades todo eso pasó. Conocí personas que hablaban español muy pronto, me hice muy amiga de unos venezolanos ya expertos en viajar y me enseñaron muchas cosas, desde  qué lugares visitar, dónde hospedarse, comprar vuelos y tickets baratos y hasta cómo recorrer un lugar en el menor tiempo posible. Con ellos comencé mis viajes por Europa; la primera ciudad que visitamos fue Génova, nos fuimos en tren y pasamos el fin de semana caminando por las calles, visitando los lugares más conocidos como la Casa de Cristóbal Colon y el Acuario.

De lunes a viernes estudiaba francés en mi escuela que quedaba muy cerca de la playa, como habían muchos estudiantes, casi siempre después de clases nos íbamos a comer o a tomar algo a la Promenade des Anglais, que no es otra cosa que la avenida que bordea la costa. Allí probé muchos tipos de vino. También íbamos a un sitio nocturno donde colocaban música latina, para mí era de lo mejor porque los días jueves era barra libre en champaña para mujeres.

No sé si fue por el lugar que estaba pero con cada sitio que conocía de la ciudad me enamoraba más de ese país. Francia dejo en mí una marca tan profunda que aún hoy día se puede ver. Mis gustos fueron cambiando,  tal vez ayudó que estuviera en uno de los lugares más reconocidos para comer y visitar. Aún recuerdo  la crepe de nutella en puestos ambulantes, los jamones curados, los típicos baguets y los quesos, todo eso y más son comidas y experiencias que jamás olvidaré y que quedarán en mi memoria.

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